miércoles, 3 de marzo de 2010

Gracias Ana

(Mujer de 25 años, bonita, preparándose)
Hoy es el día…. No hay opción para mí. Si no lo hago hoy me declarare en soledad para siempre. Y verdaderamente ya es hora de salir de esta. Ya basta. Más bien tengo suerte de que un hombre me quiera y me adore tanto como para haber sido paciente estos 2 años, aguantando mis dudas, mis inseguridades y mi falta de respuestas. Y no es por mi edad que me estoy decidiendo, o por agradecimiento a él, o porque todo el mundo me lo dice, o porque la sociedad te hace sentirte excluida… lo hago por… por… por… ¿mí?... Claro que sí. Por mí. La única responsable de mi vida, de mis actos y mis decisiones. ¿Ahora es que lo entiendo? De solo hablar así me siento libre ya. Las ataduras parecieran que se desatan lentamente y se deslizan por mi piel a causa de la gravedad. Y cada vez me siento más libre… Y con cierta felicidad por dentro. (reflexiva) Cierta felicidad por dentro. Cierta felicid… Diciéndolo de esa manera, se siente insuficiente, carente de sentido, cierta felicidad…Una vez alguien me dijo que la felicidad nunca es completa, existe sólo en momentos. Momentos verdaderamente importantes que le dan sentido a nuestras vidas. ¿Éste es uno de esos momentos para mí? ¿Realmente le dará sentido?..... no sé. He vivido tanto tiempo dentro de mis miedos que no noto la diferencia… y no sé si la habrá. Pero estoy decidida a vivirlo y disfrutarlo. ¡Por favor, eso tiene que valer de algo! ¿No?........ ¿No? (sigue arreglándose) ¿Saben? Mi primer novio… bueno, y que novio. El fulano primer amor que a uno le toca justamente en la etapa más ladilla para afianzar traumas. La adolescencia….pues bueno, nuestros encuentros eran solo beso, y beso, lenguaradas y más besos. Nos acariciábamos la cara, los brazos, el cabello, nos veíamos a los ojos y contemplado la mirada. Aaayy, que lindo ¿no? Románticos ilusionados….e ingenuos. Pensando que toda la vida de parejita iba a ser puro beso en la boquita, (ríe) Y que las manos se iban a conformar con hacerle caricias a lo que la ropa dejaba ver (ríe), sin pasar la línea de ataque… o de defensa. Eventualmente, obviamente, naturalmente la curiosidad y las ganas te hacen querer ir más allá e inspeccionar las líneas naturales de la piel. ¡Meter mano pues…!. En plena batalla, cuando las explosiones, los gritos, el sudor, las ganas, la adrenalina…..cuando se disponía invadir las líneas enemigas con sus armas más versátiles…(aparte) ¡No!… Se activaba el sistema de defensa mejor diseñado y programado para tal fin ¡no! Y la batalla se perdía a causa de miedosos desertores. Pero las armas quedaban montadísimas, cargadísimas y calientísimas en el campo de batalla. Inutilizadas. ¿Cuantas batallas de estas se perdieron? Muchas… Hasta que él simplemente se cansó. Y yo no le tenía respuestas claras. Pero cualquier cosa era una buena escusa para decir que no… Para él, me vino el período como 5 veces en un mes (ríe). Pobrecito. Analizando las cosas, ni siquiera yo tenía las respuestas claras para ese entonces. Fue con mi segundo novio. Si se le puede llamar novio. Bueno, novio con el que no se tienen nunca relaciones… bueno no importa. Fue con él que me dí cuenta de cual era mi verdadero problema. Yo pensaba que el miedo era por la edad, por la falta de experiencia, la juventud. Pero no. Ya yo tenía suficiente edad, trabajaba e iba a la universidad. Cualquiera pensaría que era una chica madura y con una meta clara en la vida, pero no, a pesar de eso el sistema de defensa seguía ahí. Muy bien programado para actuar en cualquier situación de intimidad…. ¡no!......... Siempre con una imagen en la cabeza y un conjunto de palabras resonando en mi memoria, grabadas en lo más profundo de mi subconciencia, (afirma) ¡Mi mamá…! Sí, mi mamá diciendo: “Que vaina contigo Isabel, ahora la que se va a joder es tu hermana”…Y me jodí. Me jodió… Me jodieron. Mi hermana llega a casa sola un día con una barriga no planificada y derrumba la “altísima” moral de la familia. Mi papá no habló por 9 meses, y mi mamá nunca dejó de reclamarle a mi hermana, gritarle, restregarle en la cara la magnitud del error que cometió. Cualquier momento era perfecto para criticarle lo que había hecho. Ahí nació el trauma. Mi trauma. ¡Las relaciones sexuales!, según mi mama mi hermana pisoteó los valores de nuestro núcleo familiar… Y a partir de ahí, todo lo referente a mantener relaciones sexuales, era considerado como un delito… (burla) siempre y cuando no sea dentro de la sagrada institución del matrimonio, con un techo propio y un ingreso suficiente para mantener a una familia. Y sus palabras “Que vaina contigo Isabel, ahora la que se va a joder es tu hermana”. Los comentarios eran dichos para que poco a poco entraran en mis oídos y se grabaran, como un disco rallado. Todo terminaba en una sola conclusión –El sexo es malo- Las relaciones sexuales son un peligro-… El consejo más directo que vale la pena recordar es este “El mejor método anticonceptivo es, no tener ningún tipo de relaciones sexuales” ¡nojoda...! En fin donde me quede... aaa sí fue ese segundo novio el que más sufrió las consecuencias de mi trauma. Un chico de 26 años emprendedor, a punto de graduarse, trabajador y con un buen futuro por delante……..y por detrás. Todo lo que una mujer madura, joven –y sin traumas- desearía. Igualmente no funcionó. Un año soportó el pobre solo con besos y cariñitos inocentes…bueeno tampoco así. Llegamos a estar desnudos un par de veces, pero creo que eso fue peor. Siempre se interponía……el ¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡Deja! ¡Que No! y el salía sumamente mal.
Y de nuevo, cualquier escusa que me pasaba por la cabeza era buena. Pero como ya yo no era una niña, y él tampoco, las excusas verdaderamente carecían de sentido. (recordando) la última vez que lo intentamos, él alquiló una habitación de un hotel preciosísimo. Ambos vimos la habitación el día anterior y nos encantó. Yo perecía decidida –como hoy- pero...al verme en la situación de entrar a un hotel, subir a la habitación, quitarme la ropa, acostarnos, besarnos, qué se yo, lo que sea, y las preocupaciones constantes que si el condón se rompía, que si no sabía que hacerle, si no me gustaba, y si me dolía. Pensaba en mi mamá en mi hermana, en el día siguiente si me dejaba, que si todo era muy complicado, mi poca experiencia…pero sobre todo si después ¡salía embarazada…agghhh! Escuchaba a mi mama en mi cabeza “El mejor método anticonceptivo es, no tener ningún tipo de relaciones sexuales”, y la veía gritándole a mi hermana, pero en su lugar yo con una barriga y mi papá sin hablar por 20 años… nunca fui a la cita. Él me llamó como loco por teléfono, pero no le contesté. Me llegó a la una de la mañana vestido muy elegante, con restos de rosas destrozadas en las manos… y una vez más no tenía respuestas para él. Bueno, si las tenía, pero ¿Qué coño le iba a decir? ¿Todas las absurdeces que pensé? Fui una traumada estúpida de mierda. Sólo pude decirle “discúlpame” no era la primera vez que lo decía, fue lo que mas le dolió… no me perdonó. No lo vi más. Lo quise muchísimo pero le rompí el corazón. Lloré desoladamente por semanas. Esta situación se reflejaba también en otros aspectos de mi vida. Las dudas, la inseguridad eran muy comunes cuando tenía que tomar decisiones serias. Comenzaba a sentir que no servía para nada. Ingenuamente pensé que la única solución era el fulano matrimonio. Como decía mi mamá una y otra vez “bajo la institución del matrimonio, con un techo propio y” bla bla bla. Sí, casándome mi trauma iba a desaparecer. Virgen hasta el matrimonio decía yo. No contaba con que actualmente, nadie se casa sin velo. Mi tercera pareja era perfecta. Bello, buenote, con carro y estable económicamente. Lo vi como mi salvación y me enamoré locamente de él. Ilusionada como una gafa. ¡Es que era perfecto! De tanto insistir con indirectas y pensamientos en voz alta, él me dijo que se casaría conmigo. Aunque en momentos de intimidad no permitía que las cosas se pusieran muy intensas, cosa que él le molestaba muchísimo y estaba empezando a perder la paciencia. Como siempre…. Pero con la supuesta promesa de matrimonio las cosas eran un poquito serias. Creía yo. Cuantas veces no me pidió un adelanto de la noche de bodas. Lo intentó tantas veces en cinco meses... Pero ¡NO! Un día como cualquier otro, fui a su casa. Le llevaba el desayuno como un bonito gesto, pero ya había comido bastante durante toda la noche en brazos de otra mujer. Ahí estaban, 8 de la mañana aprovechando su erección matutina haciéndolo por cuarta vez. Nunca olvidare esa imagen. Ella sentada encima de él dándole la espalda y sus senos rebotando sin control. Grité “maldita perra”, ni la conocía (ríe). Salí corriendo desesperada dejando caer el desayuno y mis ilusiones mientras él me perseguía desnudo para explicarme. Discutimos un rato él explicándome lo cansado que estaba de esperarme. A pesar que me quería no soportaba más la situación y la insoportable incertidumbre. Que todas mis negativas le hacían daño y parecía que no lo quería de verdad. Que como era posible que una mujer de veintitrés fuera tan cerrada. Tan bonita y tan buenota, pero tan gafa y desperdiciada. En conclusión me mandó a comer mierda. Que no iba a ser feliz hasta que un macho me cojiera. Esas palabras me marcaron. Él tenía razón. La gente necesita demostrarse cariño en todos los niveles. Es natural. Es normal. Se cansó de insultarme hasta que se dio cuenta que estaba gritando sólo en las escaleras del edificio en pelotas. Manejé como una loca y me chocaron. Al despertar estaba en el hospital por el latigazo. Toda mi familia estaba preguntándome que había pasado, por que no dejaba de lamentarme. A las diez de la noche un doctor entró en mi habitación disculpándose por lo que había sucedido. El papacito estaba de un bueno, ¡mira quién me vino a chocar!. Trabajaba en ese mismo hospital y corrió con todos los gastos. Parecía un ángel caído del cielo. Como gesto adicional, me invitó a cenar después que me dieron de alta. Me hizo asistir con un collarín, pero no me importó. En la cena supe que era psicólogo. Me sentía tan bien en su compañía que como cosa extraña comencé a contarle esta misma historia. Él se propuso a ayudarme. Nos hicimos muy buenos amigos y con el tiempo nació una atracción inevitable. Y como cosa inevitable, en esos momentos de intimidad se activaba la defensa. ¡NO! Tenía mucho miedo que se repitiera la misma historia y lo perdiera. Pero esta vez era diferente. Él comprendía como buen profesional lo que pasaba en mi cabeza y con su cariño me hacía sentir segura, en confianza. Aunque a veces era muy duro conmigo, pero ahora sí comprendía que era para que saliera de ese hueco. Ese es el muchacho que me viene a buscar, me cambió la vida. Me hizo aceptar cual era el problema y a enfrentarlo, a no huir de él. Pues si, yo huía hasta a las conversaciones sobre sexo, y le huía a hablar de mis experiencias. Él vio que todos mis complejos e inseguridades tenían el mismo origen y me estaban haciendo una persona reprimida y con ataduras. Se ha avocado a ayudarme a salir de ese bloqueo. No ha sido fácil… No soy fácil. Aun recuerdo los rostros de decepción, dolor y frustración de cada uno de ellos. Pero no volverá a pasar. No quiero ver esa mirada en él. No quiero volver a sentirme así. En aproximadamente 5 minutos él llegara, tocará el timbre y debo estar lista, lista para ser por fin libre y mandar todo a la mierda. Ya basta de esta estúpida atadura. Le voy a decir ¡no! A mi trauma…. ¡no! A mi sistema de defensa. ¡no! A mi inseguridad, a los consejos de mi mamá, a mi antigua yo…. y ¡si! Claro que sí a vivir y disfrutar de las oportunidades que me da la vida. (Suena el timbre, abre la puerta se quita la bata queda desnuda)
Rodríguez, Jessica

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